LITERATURA / Dennis Lehane

DENNIS LEHANE
La última causa perdida


Desde que la crítica se deshiciese en elogios con su debut, la carrera de Dennis Lehane (Boston, 1965) se vio aún más propulsada gracias a que varias de sus novelas fuesen llevadas a la gran pantalla con acierto por grandes como Clint Eastwood ("Mystic River") o Martin Scorsese ("Shutter Island"). Esta historia que nos ocupa ("La última causa perdida") tiene la misma receta, y más que una novela, da la impresión de estar leyendo el guion de una película. 
El prota se ve envuelto en una nueva investigación, volver a encontrar a Amanda McCready, una chica que ya fue raptada doce años atrás y que ahora ha vuelto a desaparecer en extrañas circunstancias.  Está lejos de ser el mejor trabajo de Dennis Lehane, pero cualquiera de sus libros es muy entretenido. 


Tenía el atractivo típico de las camareras de los bares deportivos y de las visitadoras médicas: pelo de color ron, muy abundante, y unos dientes tan brillantes que más te valía mirarlos con gafas de sol. Su aspecto era el de una mujer que se sabe de memoria el número de teléfono de su cirujano plástico. (...) La frente carecía de arrugas, como la de los recién embalsamados, y la sonrisa parecía la de alguien que estuviese recibiendo un electrochoque. 
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Cinco mil años de civilización, más o menos, dos mil trescientos años transcurridos desde los tiempos de la biblioteca de Alejandría, cosa de cien desde el nacimiento de la aviación, con ordenadores pequeños a nuestro alcance para acceder a toda la riqueza intelectual del planeta... y a juzgar por las chicas que había en esa sala, el único avance realizado desde la invención del fuego había consistido en convertir la expresión "o sea" en un comodín que tanto podía ser un verbo, un pronombre, un artículo o, si era necesario, toda una frase. 
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- Esa chica podría lamentar enormemente haberse escapado. (...)
- ¿Para qué? ¿Para acabar metida en un cubículo con un sueldo más o menos razonable? ¿Para colgar en la pared el puto diploma de Harvard? ¿Para tirarse treinta y tantos años aprendiendo a robarle a la gente el trabajo y la casa y el coche? Pero eso está muy bien porque fue a Harvard. De noche duerme como un bebé y se repite que la culpa no es suya, sino del sistema. Un buen día se encuentra un bulto en el pecho. 

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