VIAJES / Albania
A L B A N I A
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FOTOS: Jonathan Pérez del Río
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El extranjero la conocerá como Albania -bautizada así por los romanos por la blancura de sus picos nevados-; los gentilicios como Shqiperia, que podemos traducir como "águila", el animal que luce orgulloso por partida doble en su preciosa bandera.
Albania ha dejado de ser un secreto. El país al que mucha gente no sabía ni situar en el mapa europeo, se está convirtiendo en un destino turístico muy atractivo, por lo que me huelo que el país va a cambiar radicalmente en los próximos años, sobre todo si entran finalmente en la Unión Europea.
Un país que se vende fácil: desde la costa mediterránea con playas de aguas turquesas hasta imponentes enclaves montañosos ideales para el senderismo y la escalada.
Mi puerta de entrada -cómo la de casi todos los viajeros-, fue su capital, Tirana. Una ciudad que está experimentando un crecimiento feroz en la última década, algo que se aprecia en esos contrastes tan llamativos en la arquitectura, conservando sobrias edificaciones heredadas del Comunismo que quedan empequeñecidas por los enormes edificios modernos. El cruce de culturas se nota en las mezquitas otomanas, en las iglesias ortodoxas, en las fachadas pintadas de colores y en los bulevares de estilo francés.
Al estar pocos días me vi obligado a elegir entre mar y montaña, y en este caso sin pestañear puse rumbo al norte, hacia las conocidas como Montañas Malditas (fronterizas con Kosovo y Montenegro), dónde emerge la Albania más auténtica, resistiendo el auge del turismo, con naturaleza virgen y salvaje, y pueblos con un encanto especial como Theth.
Obligado también a elegir entre Berat y Gjirokastra, me decanté por la primera por su fama y por su cercanía (a una horita de Tirana). La conocida como "la ciudad de las mil ventanas", protegida por la Unesco, me dejó un poco a medias, pues excepto por su foto de postal, no te lleva más de una mañana. Obligatorio subir al castillo y contemplar desde las alturas las increíbles vistas del río Osum y las montañas circundantes. El castillo está habitado a día de hoy (solo los allí residentes pueden entrar con el coche) y dentro de su fortaleza podéis encontrar el museo Onufri con iconos bizantinos y pinturas sagradas del Siglo XIV y XX.
La última mañana la dediqué a una pequeña ruta por el Monte Gamti y por el lago Bovilla, un icónico embalse artificial que abastece de agua potable tanto a Tirana como a los pueblos cercanos.
A día de hoy, los albaneses (gente super agradable apasionada de los coches y adicta al café) están encantados de recibir turistas e intercambiar culturas, y ojalá siga siendo así, pues de momento aún no están cansados del turista.


























































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