LITERATURA / Raúl Guerra Garrido
Tocando un tema que ha pasado bastante de puntillas en la literatura patria (la fiebre por el oro negro, la guerra del wolframio, conflicto ocurrido entre 1942 y 1953 -postguerra española- en el Bierzo), Raúl Guerra Garrido fue finalista del Premio Planeta en 1984 con "El año del wolfram". Dentro del drama, Raúl es tan hábil que no deja nunca aparcado su sentido del humor y su buena hacer para adornarse cuando es necesario.
Juan, el Socialista, me había dicho que el azúcar era la única medicina de los pobres (...) hay un máximo elixir cordial para ricos y un mínimo elixir cordial para pobres, la única diferencia está en el precio, a los que pueden pagar les cobro mucho y a los que no tienen un chavo se lo doy gratis, por desgracia cuanto más caro más efecto hace, el mundo está loco y si algo no tiene precio nada vale, fíjate en la amistad, me dijo (...).
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Fue su piel, el contacto de su piel decidió el cambio fundamental de mi vida, la confirmación de mi libertad o muerte, tenía muchas hambres atrasadas, por ella llegaría a ser alguien, parecerá increíble pero me había enamorado de golpe, vas por la calle y recibes el golpe de la teja que cae o del coche que te arrolla y cambia tu existencia, en un instante pasas de sano a inválido, así de sencillo, de golpe, pero no era el impacto de la primera mujer hermosa con la que tropiezas después de haberla soñado en mil y una noches de aislamiento, lógico, pero frívolo, no, era algo mucho más profundo y que brotaba espontáneo de la parte irracional del alma, la que nunca se equivoca, hace un instante no lo estaba y ahora tan enamorado que me dejaría matar por ella, tan enamorado que me mataría si no podía vivir con ella el resto de mi precaria existencia, y cerré los ojos para que nadie adivinara el flechazo.
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(...) su prepotencia me dejó temblando (,,,), me entraron unas ganas locas y tuve que ir al excusado a tirar de los pantalones, me iba piernas abajo enfurecido por mi flaqueza, no me había ocurrido nunca eso de cagarme de miedo, me acuclillé sobre la placa turca, siempre he meditado bien haciendo mis necesidades, un placer fisiológico que estimula mi imaginación, si es sobre una taza de porcelana se me pasan las horas sin darme cuenta (...), me distraje con las pintadas obscenas de las paredes, "viva el coño de las mujeres de la guardia civil", era la más rebelde, volví a indignarme cuando Olvido se me enredó en los pensamientos, en un sitio así me pareció de muy mala educación pensar en ella.
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Tenía el cuerpo más confortable que uno pudiera imaginarse y me había imaginado unos cuantos, me instalé en él sin el menor inconveniente, tenía miedo al gatillazo (...) pero me había masturbado tanto como para evitar cualquier dificultad mecánica, me fui sin apenas darme cuenta y su amabilidad me conmovió, "vamos, insiste, eres el mejor", no sé cómo podría sobrevivir a la turbamulta de paletos con corbata que la montaría con su proverbial indelicadeza a juzgar por lo sucio de sus comentarios, si pones seguidas todas las pollas que se ha tragado llegan desde el mojón cuatrocientos de la viña de las Chas hasta el kilómetro cero de la Puerta del Sol, no añadían que a todas esas pollas las había hecho felices, un bálsamo para no pensar en el vacío de sus vidas, para muchos lo mejor que les había ocurrido (...)

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