LITERATURA / Soledad Puértolas
Premio Planeta en 1989, Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) tocó techo con "Queda la noche", una novela que centra en una cadena de casualidades, quizás demasiadas y demasiado inverosímiles, lo que penaliza el buen hacer de Soledad a la hora de narrar.
La aparición de James la había convertido en una historia casi clandestina (...) la parte más interesante de la historia se había cumplido ya: el acercamiento, la aproximación hacia lo que recurriendo a un eufemismo puede llamarse punto culminante, los preámbulos, la preparación, a distancia, todavía, de una hipotética culminación o satisfacción, bastante relativa y muchas veces decepcionante cuando al fin es alcanzada, pero a la que debe tenderse porque si no se obtiene, todo lo que le ha precedido se disuelve súbitamente en rencor, inseguridad y fastidio, estupenda materia para el olvido. Lo que hace que la aproximación quede en nuestro recuerdo como la mejor y más rica etapa de las relaciones es, precisamente, la llegada a la meta.
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Los inicios: eso era lo que yo buscaba una y otra vez. Repetir el comienzo hacia el infinito. Asomada a mi terraza, fui perfectamente consciente de que las historias que más me gustaba recordar eran las que menos habían durado: una sola noche, unas horas; historias efímeras, sin pretensiones, sin proyección, sin consecuencias. En la continuidad, mi vida entera, mi posición en el mundo, se tergiversaba, y los afanes de dominio, provenientes de una u otra parte, perturbaban y acababan destruyendo mi felicidad.

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