VIAJES / Andalucía - Marruecos - Gibraltar

A N D A L U C Í A 

M A R R U E C O S 

G I B R A L T A R

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FOTOS: Jonathan Pérez del Río
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El otoño siempre es una buena estación para dejarse caer por Andalucía. De haber visitado los principales reclamos (véase Granada, Córdoba, Málaga o Sevilla) siempre se puede optar por recorrer el resto. Aprovechando un vuelo a precio de saldo a Sevilla, y usando la ciudad como punto de partida y fin del viaje, recorrimos por tierra, mar y aire el sur, cruzando incluso el estrecho para acabar en Marruecos.

Sevilla se merece dedicarle tiempo, y de no tenerlo, es una ciudad muy agradecida para caminar y perderse hasta encontrarse con sus diferentes atractivos (la Giralda, la Torre de Oro, las Setas, la Plaza de España, los barrios de Santa Cruz o Triana…).

Desde el punto de partida pusimos dirección a Algeciras. La tierra del maestro Paco de Lucía es más conocida por su puerto (el más importante de España y uno de los más relevantes de Europa) que por el flamenco. Sin embargo Paco tiene un museo dedicado a su obra que bien merece la pena.

De Algeciras y de calentón cogimos un ferri rumbo a Tánger. AVISO IMPORTANTE para que no cometáis el mismo error que cometimos nosotros: puede que sea un poco más barato cogerlo desde Algeciras, pero os deja en un puerto a 40 kms de la ciudad, por lo que merece la pena pagar un poco más y salir desde Tarifa y llegar directamente al puerto del centro de la ciudad.

Una vez en Tánger es fácil apreciar el crecimiento de algunas ciudades de Marruecos que están europerizandose a pasos agigantados. No obstante, perderse por la medina tras un bañito en la playa es un planazo.

Dormir en Tánger era una estrategia para visitar al día siguiente una de las poblaciones más turísticas del Norte de Marruecos: la ciudad Azul, Chefchaouen.

Las fachadas se pintaban de color azul pues se pensaba que era una buena solución para ahuyentar a los mosquitos, y sin embargo se convirtió en la seña de identidad de un lugar que lo explotó hasta hacer de sus calles unos rincones altamente instagrameables. Si se dispone de tiempo y el calor no aprieta demasiado, siempre se puede hacer una buena ruta por alguna de las montañas que la rodean.

Vuelta a Tánger y de Tánger a Algeciras y de Algeciras a la Línea de la Concepción. Los elevados precios de Gibraltar hacen que dormir en la Línea de la Concepción alivie un poco al bolsillo, pues desde allí podemos cruzar la frontera a Gibraltar dando un paseo sin necesidad de presentar ningún tipo de documentación.

La línea está rodeada por la Bahía de Algeciras (al oeste) y por el Mediterráneo (al este) y siempre observada por el gran Peñón. Gibraltar es un terreno un poco bizarro: cómo visitar el Reino Unido pero gozando siempre de clima agradable. Nos quedamos sin ver a sus famosos monos pero dimos un paseo muy agradable rodeando todo el peñón y callejeando por el centro. Y sí, pagamos en Euros, no en Libras.

Turno para Cádiz, la ciudad más antigua de España. Fenicios, romanos, árabes y cristianos la eligieron por su posición estratégica, formando parte capital en imperios. Pisar Cádiz es pisar historia. Sus costas reciben a miles de turistas a pesar de sus imprevisibles (Levante desde el este; el de Poniente desde el oeste). Además de gozar de un día en que ninguno de sus vientos hizo acto de presencia, la agenda cultural fue generosa (siendo miércoles) y nos brindó la oportunidad de ver el inicio de la gira española del americano Eli Paperboy Reed. Escapada de un día perfecta.

Puede que Huelva capital no tenga los encantos de otras de sus grandes vecinas, aunque la provincia sí que tiene lugares con magia. Mismamente, nada más llegar a la ciudad, me monté en un bus urbano en busca del mar, dirección Punta Umbría, dónde me pegué un baño memorable con un atardecer de postal. 

La penúltima parada me llevó a Aracena y a su Gruta de las Maravillas, una maravillosa cueva subterránea que pasa justo por debajo del centro de la localidad como unas cloacas con encanto construidas gracias a la acción del agua sobre las rocas calizas: estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, cortinas listadas, aragonitos, coraloides, represas y pequeños lagos con profundidades que en algunos puntos llegan a los 15 metros.

Y de las profundidades subimos a la sierra para la última parada, al Calabacino, una pequeña aldea en la que se juntan bohemios, artistas o artesanos desde la década de los 70 para vivir en paz con la naturaleza.   

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Sevilla
















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Algeciras









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Chefchaouen


















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Tánger



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La Línea de la Concepción




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Gibraltar







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Cádiz





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Huelva













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El Calabacino


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