VIAJES / París
En cuanto sale el sol, los parisinos adoptan el comportamiento de las lagartijas y su “cultura del parque” alcanza su máximo esplendor, con los Jardines de Luxemburgo o de las Tullerías abarrotados. Será por jardines en París.
Sin embargo, los que están más escondidos son los que tienen ese encanto especial, pues se aprecia la ausencia de turistas. Es en estos rincones secretos donde los locales disfrutan de un tiempo de lectura o del brunch sin agobios, sin ruidos y, sobre todo, sin cámaras.
La oferta cultural es enorme. Los museos y galerías de arte se expanden por todo el mapa. El Orsay y, especialmente, el Louvre, son destinos de peregrinación de amantes del arte de todo el mundo, aunque este último también esté hasta arriba de personas que solo buscan las cuatro o cinco fotitos de rigor (ya se sabe: “Gioconda”, “Venus de Milo”, “Victoria alada de Samotracia”, “La libertad guiando al pueblo” o “La consagración de Napoleón”). El Louvre es tan laberíntico y está tan masificado que cuesta disfrutar de la experiencia, así que, de ir, organízate un itinerario y ten paciencia.
No pude firmar doblete de museos pero sí de cementerios, aunque siendo justos, el de Peré-Lachaise perfectamente podría convalidar como museo al aire libre. Las personalidades aquí enterradas le dan un glamour que casi ningún otro cementerio del mundo igualar: Edith Piaf, Jim Morrison, Oscar Wilde, Chopin, Honoré de Balzac, Marcel Proust..., tanto ilustre que, a pesar de que este cementerio esté ubicado bastante lejos del centro, eclipsa a otro mucho más céntrico como el de Montparnasse, dónde encontramos las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Baudelaire, Porfirio Díaz, Gainsbourg o Julio Cortázar (enterrado en la misma tumba con dos mujeres).
París invita a buscar la mejor postal de la Torre Eiffel –su pico es el punto más alto de la ciudad, solo igualado por la Basílica del Sagrado Corazón, donde se contempla una de las grandes panorámicas de París, coronando el barrio más bohemio de la ciudad: Montmartre-. El invertir dos horas de espera para subir a la torre Eiffel o darte un garbeo en barca por el Sena depende de ti.
Otra alternativa es ir a puntos clave dónde se grabaron películas, porque París, al igual que otras ciudades con solera como Nueva York, es un plató de cine. Desde films de cosecha francesa como “Amélie” o “La Haine” (“El odio”) hasta blockbusters como "Misión Imposible" o "John Wick"; desde películas de animación como “El jorobado de Notre-Dame” o“Ratatouille” hasta las obligatorias dosis azucaradas como “El último tango en París”, “Moulin Rouge” o “Antes del atardecer”, que por algo París tiene la fama que tiene.
Perderte por las calles casi siempre tiene recompensa: acabas encontrando algún monumento histórico. Los Inválidos, el Arco del Triunfo, el Grand Palais, el Puente Alexandre III, la Plaza de la Concordia, la Opera Garnier, el Panteón, la Bastilla…, o incluso la mini Estatua de la Libertad. Yo estuve tres días a fuego y aún así me faltaron muchos imprescindibles: las Catacumbas, el museo Orsay o los Jardines de Versalles. Siempre hay que dejar algo por si algún día se tiene que volver.














































































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