miércoles, 18 de noviembre de 2015

CRÓNICA CONCIERTOS / The Delta Saints + Queen Bitch

THE DELTA SAINTS 
+ QUEEN BITCH
El Club del Niemeyer (Avilés)
Sábado 14 de noviembre 2015

Dos bandas (The Delta Saints + Queen Bitch) nos brindaron una fastuosa noche de rock and roll a pesar de los nebulosos recuerdos de los atentados de París de la noche anterior. 

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río


Un buen día un buen hombre me dijo que no existe en la vida experiencia comparable a la de una primera vez, y partiendo de esa premisa, la misma experiencia irá perdiendo esencia con cada repetición. Recuerdo la primera vez que ví a The Delta Saints en directo, y cómo me volaron la cabeza por completo. Es lo que tiene ir a un concierto sin expectativas y encontrarte a estos chicos de Nashville sobre las tablas.

Sabedor de que nuestro segundo encuentro no tendría la magia del primero, intenté contagiarme de las emociones de aquellos que debutaban. Y por lo visto en la Sala El Club del Niemeyer había unos cuantos, pues la afluencia duplicaba fácilmente la de su anterior visita a Avilés.

Seguro que también tuvieron parte de culpa lo teloneros, los asturianos Queen Bitch, quienes estrenaban su segundo largo, “The Soul Salvation”, del que extrajeron algunas piezas, cómo la sorprendente “Gosphel Of Judas” o “The Storm”, dos claros ejemplos de la versatilidad y el buen gusto de los de Oviedo. Un más que digno grupo invitado a los que habrá que seguir la pista muy de cerca.


Tras el suculento show de Queen Bitch llegaba el turno de The Delta Saints, quienes volvían a Avilés con nueva formación (Vincent Williams a la batería) y nuevo disco (su tercer largo, “Bones”). Y sobre “Bones” gravitaría gran parte de su actuación. Para su tercer disco de estudio, The Delta Saints optaron por escoger el camino más complejo, algo que no sorprende en absoluto dado su carácter inquieto y curioso en cuanto a perspectivas musicales se refiere. Es “Bones” una obra madura, valiente y arriesgada, distanciada de los patrones habituales, ese blues rock grasiento y speedico que tan bien les funcionó. Sin perder un ápice de autenticidad en su característico sonido, y decididos a explorar nuevos horizontes, el quinteto se ha enfrascado de psicodelia, ha respirado los aromas del folk rock y se ha dejado envolver por el polvo del desierto. Resumiendo, han conseguido asfaltar su propia autopista, la que conecta los pantanos de Luisiana con los tugurios de mala muerte de Texas o Chicago. Y aún así, son muchos los que no han digerido bien su nuevo álbum.


Pero “Bones” funciona asombrosamente bien en directo, empastando a la perfección con sus anteriores obras. “Zydeco”, la titular “Bones” y el single “Heavy Hammer” se encargan de demostrarlo en los primeros compases. Se mantienen esos ramalazos funky (con el contagioso groove del bajista David Supica) y el frenético blues rock directo a la espina dorsal (con colección delays y slides cortesía de Dylan Fitch), y los largos desarrollos (donde tan pronto se dejan perder en las atmósferas psicodélicas que crean los teclados de Nate Kremer, como se visten de etiqueta para jugar a ser una formación de jazz practicando rock and roll) amplían notoriamente el abanico de posibilidades.  


Filtrando su nueva cosecha con la ya recogida se entrelazan cortes cómo “Berlin”, “Into The Moon”, la soberbia “Dust” (que les acerca a unos sobrios Black Keys) o la preciosa “My Love”, con la que recordarían los atentados ocurridos en París la noche anterior. John Lennon dijo en su día “vivimos en un mundo donde nos tenemos que esconder para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día”. No hizo falta parafrasear al Beatle pues el mensaje era el mismo: más amor señores, que nunca sobra. Uno de los momentos más bonitos de la velada.

Y hubo muchos. Cómo la impresionante versión que firmaron del “The Chain” de los Fleetwood Mac. Una cover de autor, llevada a su terreno como ya hicieron en su día con el “Crazy” de Gnarls Barkley.


El ritmo se apodera de la sala cuando atronan los temas más conocidos. Cómo “Death Letter Jubilee” (a ver quién se atreve a toserles tras esto), el frenético “Boogie”, “The Devil´s Creek”, “Pray On”, o “Cigarette”, elegida cómo bis y canción de despedida. Solo cuando se disparan las revoluciones Ben Ringel es capaz de sacar todo su nervio, sacándole chispas a su precioso dobro.


Justo al acabar, aún con la temperatura corporal elevada, otra vez ese pensamiento de haber asistido a otra poderosa exhibición de una banda que ahora mismo compite consigo misma para alcanzar un potencial que asusta sólo con imaginarlo. 

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