sábado, 18 de febrero de 2017

CRÓNICA CONCIERTOS / John Mayall & The Bluesbreakers

JOHN MAYALL 
THE BLUESBREAKERS
Teatro La Laboral (Gijón)
Viernes 17 de febrero de 2017

El octagenario John Mayall se da otro baño de masas, esta vez en Gijón. Nadie quiso perderse la oportunidad de disfrutar de esta leyenda viva. 
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TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río
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No me diga que el bueno de John sigue en activo. Pero, ¿Cuántos años tiene? Cumplió en noviembre 83 primaveras.

Pues le había perdido la pista. Pues tiene delito porque el chaval no para de editar discos, el último, Talk About That”, en 2016. John Mayall es para el Blues lo que Andrés Iniesta para el fútbol español: una institución a la que se le debe mucho, por algo llena y es ovacionado allá a donde va. Incluso en San Mamés.

Vamos, que hubo Sold Out en La Laboral. Como no podía ser de otra manera. No se ve a una leyenda así todos los días.

No quiero sacar punta, pero con 83 años… 83 años muy bien llevados, con toda la energía que un cuerpo de esa edad puede soportar. Sigue teniendo unos dedos listos, aunque estos se posen más en los teclados que en la guitarra. A las seis cuerdas la velocidad ya no es la misma, y la magia tampoco. Eso sí, excelso con la armónica. 


¿Y los Bluesbreakers? ¿Qué formación llevaba? Formato trío. Le acompañaban el bajista Greg Rzab y el percusionista Jay Davenport. Si no los conoce no se asuste, seguramente tampoco le sonaban los Eric Clapton, Peter Green o Mick Taylor antes de que estos se enrolasen en Cream, Fleetwood Mac o los Rolling Stones respectivamente. Por los Bluesbreakers pasaron algunos de los mejores músicos de la historia, así que huelga decir que Mayall no va a tocar con unos mancos. Greg Rzab es un excelente guitarrista que ha trabajado (bien en estudio, bien sobre los escenarios) con Jimmy Page, Carlos Santana, Eric Clapton, Jeff Beck, The Allman Brothers Band, Stevie Ray Vaughan, Gov´t Mule o Black Crowes, lo que da una idea de su nivel. Como bajista es un virtuoso que consigue agitar el show cuando este flojea, dándole unos aires funky muy agradecidos al blues más clásico. A los puristas quizás esto no les convenza. Otros, en cambio, lo recibieron como aire fresco. Jay Davenport es uno de los percusionistas más demandados de la escena de Chicago, una fama totalmente justificada al verle en escena: un músico impecable en la ejecución, que sostiene a sus dos compañeros durante todo el show, permitiéndoles las licencias que él no se puede permitir, y menos en un formato como este.

Hábleme un poco del repertorio. Abrió con “Dancing Shoes” de los Bluesbreakers, cerró con un bis esperado por todos, el “Room To Move” (extraído de uno de sus trabajos más celebrados, el The Turning Point” del 69), y entre medias, empastaban bien cortes de nuevo trabajo como “It´s Hard Going Up”, “Goin´ Away Baby” o “The Devil Must Be Laughing”. Dos horas de concierto para alguien que supera los 80 años. Decir meritorio es quedarse corto.

¿No me va a decir ni un pero? Sí, y uno notable. En bastantes ocasiones el formato batería-bajo-armónica/teclados sonaba demasiado desnudo y la ayuda de un guitarrista (¿por qué prescindiría de los servicios de Rocky Athas?) se echó demasiado en falta.

Acabaría reventado el pobre Mayall. ¿Si le digo que lo primero que hizo nada más bajarse del escenario fue ir al puesto de merchandising a vender y firmar discos le respondo a la pregunta? Genio y figura, se lo digo yo. Si no existiese, habría que inventarlo.


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