lunes, 10 de agosto de 2015

CRÓNICA CONCIERTOS / Ara Malikian

ARA MALIKIAN
La Nave de El Puerto (Navia)
Lunes 3 de agosto 2015

Se dice que el paso del tiempo sirve para medir la importancia de las cosas. El concierto de Ara Malikian en Navia de este pasado 3 de agosto se mantendrá vivo en la memoria de todos los presentes sin importar el transcurso de los años.

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río
   

Hace (ya) 15 años, Juan Coloma y Horacio Icasto unían fuerzas y talento, y desde  entonces, el festival que lleva el nombre de este último, suele invitar a los naviegos a disfrutar de excelentes músicos en un marco realmente bonito e intimo como la Plaza del Ayuntamiento. Pero la siempre amenazante climatología del norte, y unas expectativas que se vieron desbordadas, hicieron que el concierto del violinista libanés Ara Malikian se trasladase a la Nave de El Puerto, que aún así se quedó pequeña. Y eso que la cosa parecía tranquila durante la tarde.


Faltaba algo más de media hora para el inicio, previsto para las 22:30, y el recinto ya estaba muy por encima del aforo previsto. Las colas para entrar eran importantes, y la incertidumbre se palpaba en el ambiente. Había gente que se iba a quedar fuera. Y lo cierto es que no había plan B. La demanda era mayor que la oferta y para no privar a nadie del espectáculo iba a tocar apretarse. En ese momento, yo hubiera quitado todas las sillas y que todos los presentes vivieran el concierto de pie, aprovechan así al máximo los metros cuadrados de la nave. Que esto no se interprete cómo una crítica a los organizadores (que no contaban con semejante número de asistentes), sino cómo una posible solución improvisada para evitar una situación caótica. 


Tras una presentación que debería haber sido mucho más breve de lo que fue, las luces se apagaron y cómo una nana de fantasía comenzó a invadir cada rincón de la nave la preciosa “Dzovarev”. Y como si de una procesión se tratase, fueron subiendo al escenario los músicos, con Ara a la cabeza, casi de puntillas, cómo queriendo apagar con ternura el incendio que la caótica situación había provocado. Y cuando Ara empezó a acariciar el violín todas las fieras se amansaron de golpe, y los sentidos se agudizaron en forma de respeto. Desde los inicios uno tenía la sensación de estar viviendo algo mágico y digno de recordar con el paso de los años. “Si, yo estuve en aquel concierto de Ara Malikian”. Cuando expiró este tema de apertura la ovación fue tan atronadora como prolongada, cómo si los artistas acabaran un recital de 3 horas de duración.


Comenzaba así un viaje tan formidable para el que apetecía tener sólo un billete de ida. Un recorrido musical que nos llevaría a sus orígenes en el Líbano, a sus primeros tanteos en Alemania amenizando bodas, a Grecia, a Armenia (impresionante “1915”, la pieza sobre el genocidio armenio, con el cuenco tibetano y las percusiones guiándonos hasta pasajes psicodélicos), Rusia (“Ciocarlia” llevándole al límite del esfuerzo) o España entre otros muchos. La música es un lenguaje universal y cada uno puede evadirse a su antojo, alejándose tanto cómo le permita su imaginación.


La versatilidad y el buen gusto de los músicos se palpaba en el repertorio, donde entraban desde Bach hasta Vivaldi, desde Radiohead (“No Surprises”) hasta Paco de Lucía (con una versión del “Zyryab” que claramente iba a desembocar en un duelo entre violinistas, tal y como hacía el propio Paco con los guitarristas que le acompañaban), desde Falla hasta Gismonti. No faltaron joyas de su propia cosecha, cómo “El Vals De Kairo”, la tierna oda que le compuso a su hijo antes de nacer, cuando este ya se revolvía inquieto en el vientre de su madre.


Pero cada concierto de Ara Malikian tiene su sello diferencial, el que aportan los músicos a los que suele invitar a la palestra. En este caso, el protagonismo se lo llevaría Luis Feito, integrante de la Banda de Gaitas La Reina Del Truébano, quien tendría el honor de interpretar “Agora Non” (canción de cuna tradicional asturiana), y posteriormente una alborada que recogió José Inzenga Castellanos en su libro “Ecos De España”. Pero Feito también se haría notar en la sorpresa final, dirigiendo a la banda de gaitas al completo, que a pies del escenario, atronaría con fuerza el himno asturiano (siempre emotivo con el público en pie) ejerciendo de soporte perfecto para Malikian y sus muchachos. Y con este regalo para el recuerdo puso broche a una actuación sobresaliente, y quién sabe si quizás irrepetible.

El verdadero mérito del artista libanés es el de acercar la música clásica (cómo bien recalca mi querido amigo Pablo Canalís “desde una perspectiva académica”) a todos los públicos, brindando un espectáculo válido para disfrutar toda la familia.

Por ello no debemos cansarnos de agradecer a Juan Coloma, Justo Sofía y el resto de miembros de la Asociación Amigos del Concierto, la oportunidad de poder disfrutar (un año más) de semejante recital y de forma totalmente gratuita. Todo un privilegio. 


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