domingo, 28 de junio de 2015

CRÓNICAS CONCIERTOS / Leiva

LEIVA
Teatro de La Laboral (Gijón)
Viernes 27 de junio 2015

En la antepenúltima fecha del interminable Tour que está suponiendo “Pólvora”, Leiva y su banda conquistan Gijón con un concierto pragmático y eficaz a la altura de las expectativas.   

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río
  

Con el peso de casi 100 conciertos sobre las espaldas, y con sólo dos fechas más (Segovia y Madrid) para finalizar la gira, es normal que la banda salga sobrada de confianza para afrontar este tipo de bolos a bajas revoluciones. Pero también hace mella el cansancio acumulado de los kilómetros y la carretera, algo que se hizo notar en algún momento puntual del show. Los músicos salen a la palestra y comienza el griterío, que se hace ensordecedor cuando aparece en última instancia Leiva, figura errante y desgarbada del rock and roll patrio. Una audiencia (excesivamente juvenil) entregada desde los comienzos, siendo partícipe de un karaoke masivo, dispuesta a perdonarle al madrileño cualquier desliz, tanto a las 6 cuerdas como en las labores vocales, cómo cuando este se quedó sin aire en la preciosa “Pólvora”, una preciosa balada que comienza de forma mágica con las teclas de César Pop.

En formato de octeto, la banda, formada por músicos de contrastada experiencia, y sobre todo, buenos y viejos amigos del madrileño (pues a excepción de su hermano Juancho –de Sidecars-  a la guitarra y del batería Bruno –Calamaro, Fito&Fitipaldis-, el resto también formaban parte del núcleo de Pereza), arremete con “Los Cantantes”, pieza angular de “Pólvora”, el trabajo protagonista de la gira, y por ende, de gran parte del repertorio.  

Repertorio bien hilvanado para mi gusto, recuperando en la 2ª parte del show  algunos de los cortes icónicos de su debut en solitario (“Diciembre” 2012, imprescindibles “Miedo” y “Eme”) y con constantes guiños a los tiempos dorados con Pereza (“Animales”, “Cómo Lo Tienes” o la preciosa “Amelie” sirven de termómetro y de as en la manga por si vienen mal dadas). Aunque está visto que Leiva ha conseguido dar con la fórmula. No es fácil hacer música de radio fórmula que suene con estilo y buen gusto. Como tampoco lo es salir del grupo que te dio notoriedad y mantener el éxito con tu proyecto en solitario.


En directo la banda se divierte, y son habituales los gestos cómplices. Un ambiente buen rollista que se palpa en desarrollos instrumentales donde pueden lucirse con los instrumentos. Salvando las distancias, y conociendo los gustos de los músicos, se me viene a la cabeza ese “Can´t You Hear Me Knocking” de los Stones, una jam session improvisada en estudio donde la percusión flirtea con los vientos. Un guiño que se pudo apreciar cuando juntaron “Ciencia Ficción” y “Super Hermanas”. Aunque seguramente muy pocos de los allí presentes hayan escuchado el “Sticky Fingers”, si esto supone un acercamiento hacía las Satánicas Majestades, y por consiguiente, al rock and roll tradicional, Leiva y sus secuaces habrán hecho una gran labor cultural.

Y como un suspiro llegamos a los bises. Regresa Leiva en solitario, únicamente armado con su acústica, para interpretar una desnuda versión de “Vis A Vis”, con un silencio y un respeto del público digno de elogiar en los tiempos que corren. Y fue precisamente esa atmósfera íntima la que elevó el momento a otro nivel, quedando cómo uno de los recuerdos de la noche. De agradecer. Faltaban aún dos balas en la recámara: la primera, esa golosina llamada “Terriblemente Cruel” que se te pega a la cabeza con la primera escucha; la segunda, y la encargada de finiquitar el concierto, un éxito incontestable cómo “Lady Madrid”.


Al final, a modo de balance, es lícito decir que es motivo de alegría que Leiva triunfe con lo que está haciendo, pero también que es incomprensible que bandas y artistas con propuestas más puras e igualmente interesantes no arrastren ni las migajas del madrileño. La eterna barrera del “mainstream”, una frontera que la mayoría no se atreve a cruzar. 

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