jueves, 1 de junio de 2017

LITERATURA / Alan Sillitoe

ALAN SILLITOE
La Soledad Del Corredor De Fondo


Parece mentira, pero nadie había plasmado como Alan Sillitoe la exigencia de los deportistas que se enfrentan a este tipo de carreras. Aunque el mensaje que quería transmitir Sillitoe iba mucho más allá de una carrera deportiva: vernos retratados en nuestra propia carrera, que es nuestra historia misma, nuestro día a día, con sus penurias y sus alegrías. Dicen que corriendo uno va dejando atrás sus preocupaciones. Este canto a la libertad va mucho más allá. 

"Yo corría con un ritmo de trote corto, y en seguida me resultó tan suave que me olvidé de que estaba corriendo y apenas notaba que mis piernas subían y bajaban, que mis brazos iban adelanta y atrás, no parecía que los pulmones trabajasen nada y el corazón había parado ya aquel condenado martilleo que me molesta siempre al empezar una carrera. Porque, sépanlo ustedes, yo nunca echo carreras; simplemente corro. Y de alguna forme sé que si me olvido de que estoy participando en una competición y me limito a trotar tranquilamente hasta que ni siquiera me entero de que corro, siempre gano la carrera. Porque cuando mis ojos ven que estoy cerca de la meta, al ver un portillo o la esquina de una casa, entonces sí que meto la directa y me lanzo con ganas, porque tengo la sensación de que hasta aquel momento no he corrido nada y no he gastado nada de energía. Y he podido hacerlo así porque he estado pensando todo el rato. (...) Entonces, libre como el viento, me tiro por el camino empedrado y por el campo trillado, que es más ligero que la pista de hierba del estadio y mejor para pensar porque tampoco es demasiado ligera, y aquella tarde estaba en mi terreno, porque sabía que nadie podía ganarme a correr. (...) Yo trotaba por el borde de un campo junto al sendero de la hondonada, y me parecía como si viniera de una antigua familia de galgos de carreras entrenados para correr con dos piernas, sólo que yo no veía ninguna liebre mecánica corriendo delante, ni detrás había ningún arreados para obligarme a mantener el ritmo. (...) Y, cuando atravesaba los campos, supe cómo es la soledad del corredor de fondo, y me dí cuenta de que para mí esta sensación era lo único honesto y verdadero que había en el mundo, y comprendí que esto no cambiaría nunca, fueran las que fuesen las sensaciones que pueda tener en algún momento raro, y sea lo que sea lo que los demás quieran explicarme."

No hay comentarios:

Publicar un comentario