martes, 10 de marzo de 2015

CRÓNICA CONCIERTOS / Dewolff

DEWOLFF
Sala Acapulco (Gijón)
Jueves 5 de marzo 2015

Un año después de su última visita, el power-trio Dewolff volvía a dejarse caer por el Principado, aunque esta vez fue la Sala Acapulco de Gijón la que presenció una nueva exhibición de los holandeses. 

TEXTO: Jonathan Pérez del Río
FOTOS: Juan Tomé



La primera vez que los vi me cogieron totalmente por sorpresa, pues reconozco que apenas les había dado unas escuchas. Saliera de aquel directo entusiasmado, con un gozo que no me cabía en el pecho. El camino volvía a cruzarme con Robin Piso y los hermanos Pablo y Luka Van de Poel, pero esta vez ya no habría ese factor sorpresa. Como aliciente, venían con nuevo trabajo bajo el brazo (su quinto largo, “Grand Southern Electric”, una obra que supone su inclusión en terrenos aún por explorar, donde flirtean con el folk o el jazz, aunque sin perder su vena hardrock psicodélica). Sin embargo, se palpaba bien poca expectación en las inmediaciones de la Sala Acapulco. Algo que se plasmó en el interior, pues seríamos poco más que un centenar de personas.  



De su flamante nuevo trabajo entrelazaron un buen puñado de canciones (“Stand Up Tall”, encargada de abrir, “Satilla No.3”, “Dance Of The Buffalo”, “It´s About Time”, “A Little Bit Of Loving” “Restless Man”) con un batiburrillo de sus anteriores trabajos. Al que esto escribe no le convencieron las nuevas canciones en directo, quizás por su falta de pegada, quizás por la falta de escuchas, pero es cuando recurren a cortes de la vieja cosecha cuando la cosa coge ritmo e intensidad. Y no necesariamente cuando los chicos funcionan a altas revoluciones. Por ejemplo, el profundo blues  “Medicine” consiguió crear una atmósfera mágica. Las siempre bien recibidas “Crumbling Heart” o “Don´t You Go Up The Sky” (debieron de estar iluminados cuando compusieron este hit rabiosamente adictivo y complicado de superar) aportan electricidad al asunto, y de paso sirven para darles la razón a aquellos que se apresuraron a definirles como un cruce entre Deep Purple y los Black Keys. A parte de estos dos fogonazos, la realidad es otra. 
Ellos mismos se autodefinen como Psychedelichardgroovin’funkyrock’n’rollin’hotbluesdrivin’hellhoundingsupersweetsixtiesexplosion y aunque pueda sonar a broma, lo cierto es que la cosa no va desencaminada. A lo largo del concierto se nos pueden venir a la cabeza gigantes como The Doors, Iron Butterfly, 13th Floors Elavators o Camel. Robin juguetea muchísimo más con su Hammond, adentrándose en terrenos mucho más jazzísticos, contagiando a Pablo, que entra al pique gustosamente. Para cuando quiere darse cuenta, Luka está aportando su base rítmica a una jam sesión en toda regla.



Pero si uno busca la esencia absoluta de estos chicos (al menos la de su primera etapa), envueltos en un constate halo de psicodelia, “The Pistol” es un viaje a las profundidades donde Dewolff demuestran lo bien que se manejan en los desarrollos largos, y lo bien que saben salir de ellos, con crescendos que invitan inevitablemente a la elevación.

Volviendo a sus más tiernos inicios, y elegida para cerrar la velada, “Gold And Seaweed” ayuda a quemar los últimos cartuchos con un frenético final. Otra demostración del potencial de estos chicos que no dejan de crecer, y lo más bonito de todo, es que no sabemos en qué dirección lo hacen. 

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