martes, 9 de febrero de 2016

CRÓNICA CONCIERTOS / Havalina

HAVALINA
Sala La Salvaje (Oviedo)
Sábado 5 de febrero 2016

La Salvaje se quedó pequeña (todo vendido y gente fuera esperando por una entrada) para acoger la visita de los madrileños Havalina tras 3 años sin pisar Oviedo. 

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río


Podía pasar y pasó. La Salvaje es una sala cuca pero pequeñita, y ante la visita de bandas como Havalina (que no arrastran masas pero que sí gozan de un estatus que les hace tener un buen puñado de fans allá a donde van) es fácil que se cuelgue el cartel de Sold Out.

Desde el hall comencé a escuchar las primeras notas de “Cristales Rotos Sobre Asfalto Mojado” (encargada de abrir su último largo, “Islas de Cemento” - Origami Records, 2015- y el concierto que nos ocupa), y a medida que bajaba los escalones sentía como aumentaban los grados centígrados de lo que sería una caldera durante los próximos 90 minutos.


La escasa iluminación en el escenario (apenas un par de focos) dejaban entrever las siluetas de Manuel Cabezalí, Javier Couceiro y Jaime Olmedo, sumidos en una penumbra en la que parecen encontrarse cómodos. Al menos eso nos hacen creer por su propuesta.

Desde el comienzo, la figura de Manuel Cabezalí destaca. Alto y espigado, se mueve con la misma soltura con la que sus largos dedos se deslizan sobre el mástil. Uno de los grandes guitarristas que tenemos en nuestro país, Cabezalí muestra todas sus caras a las 6 cuerdas: arrebatos asilvestrados al más puro estilo Mathew Bellamy (Muse) y por ende, efectos marcianos de Tom Morello (Rage Against The Machine), incluso arpegios delicados a lo Juan Valdivia (Héroes del Silencio).


Claro que Javier Couceiro y Jaime Olmedo no son mancos, y le sirven una vigorosa  base rítmica. El primero con una enorme pegada a la batería, el segundo, enérgico y musculoso al bajo. Sin alardes, recurriendo al menos es más. Otra cosa son las filigranas, que corren a cargo de Cabezalí, quien juguetea inquieto sobre las pedaleras, sacando todo su repertorio de trucos y sonidos a sus 5 guitarras.

Cada uno de los tres parece librar su propia batalla, pero cuando empastan, Havalina suenan como una bola de demolición. Tormentas de distorsión sin tregua. Piezas más reposadas como la preciosa “Ulmo” sirven para coger aire entre pildorazos como “Viaje Al Sol”, “Un Reloj De Pulsera” o “Donde”, esta última réplica ideal para esa parte del público a la que nos estamos acostumbrando y que no deja de cuchichear durante el show: “¿Dónde está tu voz ahora?”.


Es incomprensible que intenten meter a Havalina en ese saco tan trillado que es el Indie-Rock, y más tras escuchar “Cementerio De Coches”, una salvajada densa y pesada, oscurísima, cercana a los sonidos del Doom Metal. Buscar algo parecido en nuestro país es tarea complicada, por eso encontramos sus influencias fuera de nuestras fronteras: The Cure, The Smashing Pumpkins, Muse o Russian Circles. Osea, desde el rock gótico y alternativo como epicentro de operaciones, hasta el Stoner-Rock, el Doom o el Post-Rock.
                                                              
Con “Desierto” abandonan el escenario para volver con dos bises: “Junio” (un recuerdo a sus inicios) y “Mamut”, dos elecciones algo pobres para cerrar un concierto. Una mera anécdota que no empaña uno de los directos más poderosos del rock nacional. Un directo que está muy por encima de lo que nos aportan sus trabajos discográficos. Y no es poco precisamente. 

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