domingo, 19 de octubre de 2014

ARTÍCULO SOCIEDAD / El Último Gol Del Senador Romário

EL ÚLTIMO GOL DEL
SENADOR ROMÁRIO

Romário da Souza Faria, el hombre de mirada recta y regate curvo, contempla el panorama de Río desde su escaño de senador. Con sus casi cinco millones de votos, el mayor apoyo electoral en la historia, podría iniciar un movimiento de insurgencia, encabezar un partido bisagra o empapelar Maracaná. Sin embargo ha emprendido un modesto cambio de planes : ha dejado la playa de Tijuca, su cancha de arena, y está dándose un baño de multitudes, ¡grande Baixinho!, en el centro de la ciudad. 

A distancia, nosotros, admiradores al fin, celebramos su segunda trayectoria mientras repasamos la primera. Nos acogeremos al estatuto según el cual, compitamos en una orilla o en la otra, el sol sale para todos, y recordaremos las luces de su breve pero radiante figura. Digamos ya que siempre actuó como un genuino animal de área; precedente de la favela, el estadio primitivo, fue leal a su condición de gato callejero. Un día se puso las botas de siete leguas y viajó desde su territorio familiar, el patio interior, hasta el corral del penalti. 

Allí nadie administró mejor los espacios cortos; ningún felino supo moverse con más tiento en la oscuridad, ningún equilibrista tiró con más limpieza la cola de vaca, ningún pensador explicó con más elocuencia la realidad de los mundos paralelos. Pronto nos hizo saber que su estilo solo era una representación artística de la supervivencia. Con el sigilo de los merodeadores, seres dispuestos a explotar cualquier recurso suburbano, incluida la estrechez, seguía un protocolo que los naturalistas habían reconocido sin dificultad; nacido para cazar al acecho, tomaba posiciones, flexionaba el espinazo, se afilaba las punteras y marcaba con un bufido sus goles de arrabal. 

Hoy por hoy se inspira en su hija Ivy, la niña de nueve años cuyo síndrome de Down le ha proporcionado una causa. Reclama un lugar decente para los disminuidos, denuncia los cabildeos y reescribe su propio nombre. 
Verdaderamente ha envejecido poco: es un senador que sigue jugando como un rey.

Julio César Iglesias
Columnista en MARCA

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