jueves, 16 de abril de 2015

LIBROS / El Gran Wyoming

EL GRAN WYOMING
No Estamos Locos


"Por fín el lector encontrará respuesta a preguntas tan frecuentes como ¿quien soy?, ¿de dónde venga?, ¿adónde voy? Y, sobre todo, ¿por qué se lo llevan con tanto descaro?" Así presenta El Gran Wyoming este "No Estamos Locos", libro en el que dispara contra todos los magnates y enemigos del progreso en general. Y lo hace con ironía y sarcasmo contra quien le apetece, pues a estas alturas este personaje se puede permitir este tipo de licencias. Un manifiesto que intenta concienciar a una sociedad en depresión, hundida por las circunstancias.

La historia de España, tal y como nos la contaban en el colegio, estaba plagada de héroes, hazañas y conquistas, e insistía mucho en que una vez fuimos los más poderosos del mundo y “en nuestro imperio no se ponía el sol”. (…) Con los años, el adolescente añadía otra causa a la envidia: los españoles éramos fogosos en el amor y las extranjeras fantaseaban con nosotros. Hasta cierto punto era verdad, pero no se debía a la especial potencia sexual con la que el creador de todas las cosas había dotado al macho ibérico, sino al hambre atrasada que producía la represión de este país, que en ese sentido se parecía más a la jaula de los monos del Retiro que a una nación civilizada. Los españoles abordaban el sexo como el agua los exploradores que, perdidos en el desierto, llegan reptando hasta una charca.
Cuando empezaron a venir turistas extranjeros a nuestras costas, allá por los años setenta, se enfrentaron, más que se encontraron, a un ejército de millones de “salidos” que perdían la cabeza cuando veían un biquini o una minifalda.

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Aquí todavía estamos debatiendo qué cantidad hay que sustraer a las arcas públicas para que se asuman responsabilidades y, por lo visto, la cifra tienda a infinito. Nuestra derecha es “marca España” y, aunque todas las derechas persiguen el mismo fin, sacar la mayor cantidad de pasta en el menor tiempo, en otros sitios se respetan las formas, y al ciudadano, que es el que paga la fiesta, le hacen creer que a él también se le respeta. Aquí, como vemos, ni nos dirigen la palabra, y cuando lo hacen es para cuestionar nuestra inteligencia o, mejor dicho, para restregarnos el diagnóstico al que llegaron hace mucho tiempo y que ya hemos descrito antes: “El ciudadano es idiota”. Sólo así deben explicase que la gente les siga votando.

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Cuenta, sin embargo, con un factor a favor, la baja capacidad de reacción del pueblo soberano, que parece totalmente anestesiado por la cantidad de hechos luctuosos, fechorías y engaños que un día tras otro salen en los medios. Un amplio sector de la ciudadanía parece haber arrojado la toalla, dispuesto a aceptar lo inaceptable, al punto de que a pesar del gran número de imputaciones, en plena efervescencia del caso Gürtel, el pueblo español les otorgó con su voto una espectacular mayoría absoluta en el Congreso. En plena crisis, con unos índices de paro escandalosos, y con la derecha gobernando en toda Europa, la mayoría absoluta se ha convertido en una especie de suicidio colectivo.

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La cabeza visible del sistema, el presidente del gobierno, miente a los representantes de la nación en el Congreso de los Diputados sin el menor recato, desvergüenza que se ve amplificada porque los medios de comunicación ya había aportado pruebas de su relación con esa política delincuente encaminada a derivar dinero de las arcas públicas hacia paraísos fiscales. Su permanencia al frente del gobierno sólo se explica desde el desprecio profundo al sistema que representa. 

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