sábado, 10 de octubre de 2015

CRÓNICA CONCIERTOS / The Sonics + The Sonic Race

THE SONICS
 + THE SONIC RACE
Sala Albeniz (Gijón)
Jueves 8 de octubre 2015

Una Sala Albeniz a rebosar acogió uno de los conciertos más esperados del año. Unos septuagenarios The Sonics dieron una lección de oficio y de rock and roll que quedará para el recuerdo.  

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río


  
Era una de esas noches. Una de esas en las que sabes que vas a vivir algo especial. Todo vendido para ver a estas leyendas vivas que traspasaron en su día todo tipo de barreras, y de paso, inventaron algún que otro estilo musical sin proponérselo. En las inmediaciones de la Sala Albeniz se concentraba la flor y la nata de la música asturiana, dispuestos a rendir pleitesía a una banda de culto que se antoja pieza clave en la historia de la música popular, aunque por nombre estén un escalón o dos por debajo de lo que en realidad se merecen.

Pero antes había unos teloneros a los que atender. Les costó un poquito arrancar, pero al tercer tema, y a medida que la gente iba entrando en la sala, The Sonic Race se fueron enchufando. Los que les seguimos desde su tierno primer concierto notamos la evolución de la banda, que ahora suena confiada, compacta y con mucha más presencia escénica. Las versiones siempre ayudan a la hora de enfrentarse a una audiencia nueva, y más si son tan acertadas, cómo el “Search And Destroy” de Iggy Pop & The Stooges. Suenan “Demon´s Beach”, “Fight For A New World” o “You Are My Addiction” y la masa comienza a notar la electricidad en el cuerpo. Todos estaban esperando por el plato fuerte, pero The Sonic Race fueron un delicioso aperitivo para muchos que aún no les habían escuchado. 


No es el de los Sonics el típico regreso de unos viejetes que se arrastran por los escenarios o que graban un disco sobreproducido en estudio para salir al paso. Volvieron con “This Is The Sonics”, un álbum donde Jim Diamond les hizo un lifting haciendo que los de Tacoma (primer grupo punk de los 60 y banda pionera en el garaje rock) sonaran asilvestrados en pleno Siglo XXI. La duda estaba en si serían o no capaces de llevarlo con la misma intensidad al formato de directo.  


Podría ser una moneda al aire, pero pronto las dudas quedaron disipadas a base de artefactos sonoros irresistibles. “Cinderella” fue la primera bomba que soltaron y ya no hubo forma de escapar de la onda expansiva. De ahí en adelante, una colección de clásicos imbatibles a la altura de muy muy poquitos: “Shot Down”, “He´s Waitin’”, “Be A Woman”, “Bad Betty”, o esas versiones que acabaron por hacer suyas cómo “Have Love Will Travel” de Richard Berry o “Sugaree” de Marty Robbins.


Los sudorosos cuerpos (de todas las edades que uno se pueda imaginar) se contoneaban al ritmo que imponían Gerry Roslie desde los teclados, Rob Lind al saxo, Larry Paripa a la guitarra, Ricky Johnson a la batería y Fredy Dennis al bajo, este último ejerciendo de vocalista de forma impecable en bastantes ocasiones. Por poner algún pero respecto al sonido, el saxo de Rob se quedaba por debajo en bastantes ocasiones, y sólo se hacía notar cuando el resto le allanaban el camino. El otro pero, hablando del set list, fueron algunos temillas que no estaban a la altura de los verdaderos hits (algo normal pues a semejante repertorio es complicado toserle) y provocaron un pequeño bajón pasado el ecuador del concierto. Algo que solventaron rápidamente cuando volvieron a la nómina de hits inmortales. “Louie, Louie” recuperó el pulso y el calor en la sala, y “Psycho” desató la locura antes de los bises.


Parecía que la recta final iba a ser abrasiva. Y lo fue. Volvieron con la popularizada por Ray Charles “I Don´t Need No Doctor” y los cimientos se tambaleaban peligrosamente. La histeria colectiva se prolongo con “Strychnine”, una de las más celebradas. Y la esperadísima “The Witch” fue la encargada de cerrar una actuación, que de durar dos o tres temas más, obligaría a llamar a los bomberos.

No me imagino a nadie pidiendo milagros a estos tipos que bordean la frontera de los 70 años. Es más, se me antoja imposible reprocharles algo a una banda que suena fresca y actual 50 años después.  

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