jueves, 12 de mayo de 2016

ARTÍCULO SOCIEDAD / Reconozcámoslo

RECONOZCÁMOSLO

Europa no es lo que dice que es y usted y yo tampoco lo somos. Va siendo hora de admitirlo. Ni albergamos la conciencia del mundo, ni le guardamos la finca a la ética. No pasa nada. No estamos obligados a hacerlo. Pero tenemos, al menos, que reconocerlo. Por toda esa gente que viene de Siria buscando refugio y dejamos a la puerta, tenemos que reconocerlo. Hemos decidido que se hundan a su suerte, que se pierdan en campos de los que sólo intuimos que andan por Turquía. Bien. Es lamentable, pero aceptémoslo. Hemos decidido que su guerra es su problema y sus hijos no son el nuestro. Pero, ya que optamos por el egoísmo, no les intentemos hacer creer, además, que las decisiones de la UE también nos duelen a nosotros, porque no hacemos nada por evitarlas. Dejemos de decir, una y otra vez, que lo que se decide en Bruselas contraviene el espíritu europeo. 
Es hora de aceptar que el espíritu europeo es autoficción. Que nadie más que nosotros cree hoy en esa mentira. Que, a poca memoria que tengan, lo que ven desde fuera es un continente que miró para otro lado en el peor de los Balcanes, que dejó que España se cociera en el caldo de su guerra civil, que permitió que le creciera el fascismo en casa y tuvo que ser rescatada, después, por Stalin y EEUU. En ese orden. Aceptemos que hoy somos democracia por dentro y muro por fuera. Concertinas rellenas de estado de bienestar. Admitamos que mirar hacia otro lado es lo único que somos capaces de hacer para mantener nuestra sanidad, nuestras carreteras, nuestros colegios y nuestra fibra óptica. Hemos escogido. Ha pasado el invierno y ni usted ni yo hemos salido a gritar para que nuestros gobiernos piensen que nos importa esa gente. Somos los que cambiamos de canal cuando salen niños en el barro. Esos somos. Y no estamos obligados a ser otra cosa. 
Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio, pero sabemos que eso también es mentira. Sabemos que el tiempo los sacará también a ellos de nuestras conciencias. La goma bajo la que se borrarán se llamará Turquía o se llamará Mediterráneo. Ese mar que a nosotros nos une y a ellos los separa. Ese mar que, como la conciencia de Europa, es capa de tragar muertos sin que se les noten nunca las fosas comunes. Y seguirá siendo así mientras miremos ambas cosas, mar y conciencia, solo por sus superficies. 
Javier Gómez Santander
Columnista en Papel

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