jueves, 22 de diciembre de 2016

BASADO EN HECHOS REALES / Santa Ana

Basado en hechos reales. O no. Porque muchas veces la imaginación hace el resto y probamos con una realidad paralela, por el "y que pasaría si...". Situaciones cotidianas que se cruzan con la ficción. 

SANTA ANA

Era una noche como otra cualquiera. Nada reseñable a incluir en el anecdotario de las fiestas de prao. Decidido a cambiar su rutina, barajó las cartas, e intentó despertarle el ánimo a los acontecimientos: bastó un simple toque en el hombro de una muchacha para agitar su mundo durante un año. 

Ella tenía la vitalidad y el desparpajo necesario para mover montañas; él vivía en plena tempestad y con sus propios fantasmas de vacaciones. En su cabeza, el Doctor Jekyll y el Señor Hyde libraban su propia batalla, y en pleno conflicto, aquella joven consiguió que ambos, por un tiempo, sacasen la bandera blanca. Él al principio se mostró cauteloso, pero un buen día se acordó de algo que había dicho Eduardo Galeano: “Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena aunque te caigas”. Y predicó el ejemplo a riesgo de tropezar, pues siempre es mejor escribir una historia, aunque se tuerzan los renglones, que dejar una página en blanco.

Compartieron camas y un colchón, butacas de cine y un sofá verde, incluso el mejor banco del mundo que, posteriormente, alguien robó. Dieciséis playas con sus arenales, algunos con la piedra que los cubrió. Dos mil y una noches compartiendo sueños en la distancia. Catorce noches de Rock&Roll, algunas bañadas en whiskey, vodka y ginebra, y otras en tequila y ron. Un incendio separados para oler juntos las cenizas y la tierra quemada. Y en El Paso, aquel lugar mágico donde las historias se embalsamaban en formol, también se conservó la suya: un último pétalo, pero a tu lado. Siempre les quedará esa mirada cómplice en Santa Ana. El sueño de una noche de verano. 


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