jueves, 3 de marzo de 2016

CRÓNICA CONCIERTOS / Estirpe

ESTIRPE
La Calleja (Oviedo)
Sábado 28 de febrero 2016

Tras dos años de obligado parón por la enfermedad de Mart, Estirpe vuelven con la misma frescura que cuando lo dejaron, como si el tiempo no hubiese pasado para ellos. 

TEXTO y FOTOS: Jonathan Pérez del Río



Son Estirpe una banda que vive en un constante proceso de renovación. Unas veces por los cambios de formación, otras por su afán de reinventarse en cada uno de sus trabajos. En los últimos tiempos el proceso es más bien de rejuvenecimiento, gracias a las incorporaciones de Paco Records Jr al bajo y de Miguel Fuentes a la batería. El primero ha tomado la estela del fugaz paso por la banda del genial Pepe Bao, y en vez de amilanarse ante la sombra alargada de uno de los mejores bajistas del país, Paco, descarado como pocos, se mueve con frescura y le da ese aire funky tan necesario en un grupo como Estirpe. Como necesarias son también la solvencia y la versatilidad que hay que demostrar a la hora de acometer un repertorio tan exigente como variado, y a Miguel no le tiembla el pulso en la batería, dando una exhibición de nervio y pegada.


“El llevar 20 años en un grupo da para muchas cosas. Hemos tocado en auditorios y recintos grandes donde en realidad no ves a la gente. Pero tocar en sitios como este, donde os puedo ver las caras, tan cerquita, eso es mágico”. Cuando Mart habla como solo él sabe hacerlo, el silencio, el respeto, es total. 


Estirpe siempre fueron unos valientes (incomprendidos para la mayoría) que siempre siguieron sus propios impulsos naturales con una sinceridad absoluta, ajenos a cualquier moda o tendencia. No son discursos al uso. “Los festivales están bien sí, pero pasan de moda, pero esto, este tipo de sitios, como La Calleja, son los que mantienen la música a flote”. Y en La Calleja los cordobeses lo dieron todo, como si del último concierto de sus vidas se tratase. Dos horas y media de duración con tantísimas cosas y anécdotas que contarlas daría para una crónica de 20 páginas. Relájese, querido lector, pues le ahorraré el sufrimiento. Principalmente porque los conciertos de Estirpe son para vivirlos (y perdónenme la redundancia) en vivo.


La pasión que transmiten Mart y Loren (juntos en esta aventura desde hace 2 décadas) contagia a cualquiera, sea fan o no, y los arrastra en ese torbellino que supone su directo, potente, impredecible, sudoroso. Una descarga atronadora (sonido impecable por cierto) que te zarandea como si fueses una hoja en sufriendo el viento otoñal.


La comunión con el público es total, y la electricidad se palpa en el ambiente. Desde la apertura con “En Tus Ojos” (sencillo de su último largo, “Neurasia”) hasta el cierre con “Hazme Creer”, fluyen el metal, el funky, el reggae (preciosa “Un Esfuerzo Más”), el hardrock tradicional (versión del “Rock And Roll” de Led Zeppelin incluida) o los sonidos latinos (me imagino cómo debe de prestar verles con la sección de vientos que llevaron en algunos de sus shows). Hubo tiempo para los hits infalibles (“Vértigo”, “América”, “Te Seguiré”….), para momentos tiernos y elegantes (“El Último Pétalo”) e incluso para invitar a alguien a subir al escenario a improvisar en medio de “El Color De Mi Voz”, el penúltimo pildorazo de una velada fantástica, para ellos, y para nosotros, afortunados, que podemos compartirla con ellos. Que no haya que esperar tanto tiempo para repetirla.  

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