sábado, 8 de noviembre de 2014

LITERATURA / Bram Stoker

BRAM STOKER
The Crystal Cup



El irlandés Bram Stoker se hizo un hueco en la literatura universal con esa novela epistolar conocida por todos: "Drácula". Pero su primer éxito literario fue este relato publicado en la London Society en el año 1872. "La Copa De Cristal" es un melodrama de sueños fantasiosos y que mezcla su gusto por la belleza y por lo macabro. 

Las aguas azules tocan las paredes del palacio. Puedo oír el suave chapoteo de su oleaje contra el mármol cuando escucho. A lo lejos, en el mar, veo las olas mirando al sol, siempre sonrientes, siempre observando, siempre alegres. ¡Olas felices! Felices en tu alegría, tres veces más felices porque eres libre. 

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Mi ansia diarias de libertad, de Aurora, de tener noticias de ella, se multiplicó por diez y mi corazón y mi cerebro estaban al rojo vivo. Como un loco, me golpeé, como un pájaro enjaulado, contra los barrotes de mi prisión. Como un loco, salté hacia mi asiento en la ventana y miré con grandes ojos el mar abierto y libre. Y me senté ahí hasta que mi pasión pasó, entonces me dormí y soñé contigo. Aurora, contigo y la libertad. En mis oídos escuché de nuevo la vieja canción que cantábamos juntos cuando, de niños, deambulábamos por la playa, cuando, como amantes, veíamos que el sol se hundía en el océano y yo veía que su gloria se multiplicaba cuando brillaba en tus ojos y se relajaba en tu mejilla, y cuando, como mi prometida, te aferrabas a mí cuando mis brazos te rodeaban en ese lenguna de tierra desierta de donde huimos de esa banda de piratas que nos separaron. ¡Oh, cómo maldice mi corazón a esos hombres; no son hombres, sino demonios!

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¡Oh, la melodía de esa voz! Porque después de la primera nota llega un eco de la copa que crece al unísono con ella, y los dos sonidos juntos parecen como si un dulce acorde sonara de los labios del propio Padre Todopoderoso. Tan dulce es que todos a lo largo del pasillo se sientan hechizados y apenas se atreven a respirar.  (...) La canción es triste y quejumbrosa, llena de sentimiento y ternura, pero el amor se ve eclipsado por el dolor y la desesperación.  (...) La canción se desvanece en un grito salvaje que parece rasgar el corazón de la cantante en dos; y la copa vibra aún más al devolver el eco. Cuando la nota, siempre creciente, alcanza su nivel más alto, la copa, la copa de cristal, mi maravilloso hogar, el don del Padre Todopoderoso, se reduce a millones de átomos y muere. 


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