domingo, 23 de noviembre de 2014

LITERATURA / Edgar Allan Poe

EDGAR ALLAN POE
"The Tell-Tale Heart and Other Short Stories"


Huérfano y enfermizo, sensible y truculento, Edgar Allan Poe (1809-1849) encarga como pocos la figura del escritor maldito. El alcohol y la neurosis marcaron una vida breve y desdichada, llena de muertes prematuras en su circulo cercano. Los cuentos que se incluyen en esta edición ilustran las preocupaciones de Poe, 4 relatos cortos que no dejarán a nadie indiferente. 

Permanecí inmóvil y no dije nada. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y entretanto no oí que volviera a tumbarse. Seguía sentado en la cama, escuchando, tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba los relojes de la muerte en la pared.
Oí de pronto un leve gemido, y supe que era el gemido que nace de un terror mortal. No era un gemido de dolor o de pena. ¡Oh, no! Era el sofocado sonido que sale del fondo del alma cuando el asombro la sobrecoge. (...) Todo era en vano porque la Muerte, al aproximarse a él, lo había acechado con su negra sombra, y había envuelto ya a su víctima. Y la lúgubre influencia de aquella sombra imperceptible era la que le hacía sentir (aunque no podía verla ni oírla) la presencia de mi cabeza dentro de la habitación. 

.....

(...) De aquí para allá en las siete estancias acechaba, de hecho, una multitud de sueños. Y estos, los sueños, se retorcían por doquier, tiñéndose del color de cada sala y haciendo que la salvaje música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos. Y enseguida suena el reloj de ébano que está en el salón de terciopelo. Y entonces, por un momento, todo se detiene y todo se acalla salvo la voz del reloj. Los sueños quedan congelados, como rígidos. Pero los ecos de las campanas se apagan (apenas han durado un instante) y una risa leve, medio apagada, flota tras ellos mientras desaparecen. 
.....

Y reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había llegado como un ladrón en la noche. (...) Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último cortesano. Y las llamas de los trípodes se extinguieron. Y la tiniebla, la Decadencia y la Muerte Roja se adueñaron sin límites de todo. 

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